Recuerdos de un idealista


Ya sea por convención o por convicción, estos días suelen emplearse para hacer un análisis de año que pasa y para proyectar aspiraciones y metas para los próximos 366 días. No saldré de esta bonita costumbre e intentaré bosquejar mi visión en aspectos como la política, el futuro y los medios.

Como la mayoría de los que leen este blog saben, estudio ciencia política. Esta carrera es fascinante por el ángulo que se vea, a diferencia de muchas, su constante tensión entre ambos términos, que casi remiten a la enemistad entre ciencia y arte, permite elevar la imaginación al vuelo en todo tipo de actividades, bohemio empedernido que tecnócrata corrupto. Las puertas se abren en distintos momentos y con distintos destinos. Lo único que puede hilvanar estas carreras es un afán de entendimiento. Y si se me permite, de autoentendimiento.

Es ahí donde la tarea se torna difusa. Donde caen en nuestras manos textos de historia, de luchas e ideas. Donde contrastamos una forma de hacer política que puede o no agradarnos, pero que entendemos como el dasein, el ser-ahí, de las relaciones de poder y organización social.

Podemos elegir luchas y guerras. Otras no. Y sin embargo nos empeñamos en llegar a las Malvinas. En defenderlas. O atacarlas. In situ.

El futuro, es lugar común, no podemos saber como será. Los cambios son la única constante y si Gore está en lo correcto, el agua hasta el cuello fungirá como freno de mano a este frenesí.

Los medios de comunicación, oh mis queridos medios. Entre más les veo más me poseen, más me incitan a probar sus mieles, como las sirenas de Hector. Y al tiempo les detesto y me detesto, su simplificación, su hipocresía, sus excelentes series. En el último libro del antes citado vicepresidente argumenta que empleó sus primeros esfuerzos de explorador para medir el soslayo a la razón que producen la televisión y compinches. Me gustaría iniciar algo parecido, si no supiera que es una batalla tan desigual por la escasez de aliados. -Who knows.

Si sumamos estos tres elementos el panorama no es prometedor. Entras a la política, proyectas un futuro incierto, y esperas el beneplácito de los poderes privados. Atado de manos. No obstante, es una batalla que podemos o no hacer, y ahí de nosotros que no lo intentemos.

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