De preferencia ahorrate la segunda parte.


Primera Parte.

Después de un par de semanas de haber abandonado su lectura, hoy con absoluta tranquilidad me puse al corriente del blog de Daniel Díaz (Ni libre ni ocupado). Su temática, su estilo y el ácido que corroe entre las palabras que usa, son como Vicodin para su yours truly. Zen.

Segunda Parte.

Ayer recibi en casa a tres entrañables amigos, cada uno tan distinto entre sí como los tres colores primarios. Con trasfondos distintos, aspiraciones distintas y estructuras mentales colindantes nos embarcamos en una apasionante discusión de 5 horas que paso de la necesidad de contar con un cuerpo femenino bien torneado por la mañana hasta la posibilidad de la antimateria y la expectativa de un periodo de naufragio. Este último pareciera una ejercicio imaginativo, pero les aseguro que con astilleros y remates estamos siempre los cuatro al borde del colmo, de la alegría y la nostalgía. Dos más que otros dos.

Por la mañana me desperté con sabor a metal y cenicero. Furioso. Recién abrí los ojos me encontré solo y molesto. Al parecer, por primera vez me sucedió aquello por lo cual increpaba a mi exnovia constantemente, no puedes enojarte con alquien que te hizo enojar en un sueño. Pues así amanecí. No encuentro otra explicación.

El trayecto a la oficina fue un poema, despejado el camino, nublado el cielo y sin música de fondo.

Ahora hablo por teléfono. Sigo molesto. Sigo sin ella. No quiero verle hoy.

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