People like it with salt and pepper.


El día de hoy la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC) denunció, a través de sus representantes, a quién resulte responsable del delito de apología de la prostitución infantil y corrupción de menores. Lo anterior derivado de la pretensión de llevar a las pantallas de cine la última obra del escritor colombiano, Gabriel García Márquez, intitulada “Memoria de mis putas tristes“.  En su denuncia hacen señalamientos directos en contra del autor, del gobernador y las casas productoras como FEMSA y Televisa.

Para la realización del filme se contaba con el apoyo económico del Estado de Puebla, y según Teresa Ulloa, la directora de la Coalición, esta producción está siendo utilizada por el gobernador para “lavar sus pecados“. Sobra mencionar que el apoyo se ha venido abajo, y hasta este momento, la producción de la película se ha cancelado.

Este tema ha tenido mucho eco entre algunos periodistas buena onda de los que suelen tocar el tema de las libertades de forma pulcra y constante. A través de sus espacios mediáticos, sus cotos en internet y la replica con los ciudadanos de a pie, defienden al autor, la obra y el contenido. Se hace evidente la línea entre lo ficticio y lo material, entre el proceso creativo y la comisión de un delito.

Normalmente me aventaría un ligero contraste entre la libertad pura, la del liberalismo ortodoxo y la libertad acotada, como la de Luigi Ferrajoli. Pero por hoy no lo haré. Mejor me limitaré a copypastear uno de los objetivos del organismo que denuncia y señala.

En su sitio de internet la  CATWLAC aspira a  “colocar el tema [de la pornografía infantil y la trata de blancas] en la agenda pública de la región y en la de cada uno de los países que la integran y participar en la elaboración de políticas públicas en cada uno de ellos para resolver esta forma moderna de esclavitud.”

Lo lograron.

La sociedad civil en la sombra ocupa ventanas de oportunidad para subir sus temas a la agenda. Todos lo hacen, el maltrato en las prisiones, los abusos en las fronteras, la pesca de ballenas. Cada asociación tiene su causa, y conforme a la misma procuran los micrófonos.

De todo esto lo que extraigo a contratiempo es que nadie va a meter a la cárcel a García Márquez, la discusión no debería girar en torno a la censura sino a la problemática, y si el gobierno estatal canceló el apoyo, algo había de cierto.

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