Adiós 2010


Mientras espero a que se des-arenen las almejas para preparar el Clamp Chowder escribo esto, en un 31 de diciembre como otros ha habido y otros vendrán. Hacer un closure o una reflexión de final de año es tan común como complejo.

Tal como se comentaba en la entrada anterior, tiene que estar amarrado desde lo más profundo de un ejercicio memorístico, pasando por trazos de franqueza y la constante tentación de nombrar en lo individual personas que han pasado frente a nosotros por minutos, días o años y sin embargo olvidaron intencionalmente rastros de su esencia para recordarles en momentos de reflexión.

La sabiduría real está contenida desde hace tiempo en distintos libros, frases populares y hasta un poco en lo que hoy mal llamamos sentido común. En realidad lo que le hace tan escasa es que ella decide cuando llega, consejos que profesamos a nuestros más queridos muchas veces hacen sentido en nuestro espíritu al cabo de mucho tiempo y experiencia –o experiencias- en plural.

Pero bueno, regresando al tema propio del año que termina. Este año se explica por la edad de cada uno de nosotros, más que los tiempos que corren, con alta tecnología, violencia mexicana y una que otra buena película en el cine y canciones talentosas en el antro; el factor determinante es el tiempo que llevamos pastoreándonos por esta vida.

De ahí se desprenden distintas preocupaciones y satisfacciones, para un adolescente pequeños logros son grandes victorias en la edad adulta. Para un adulto cada aprendizaje, síntoma de paternidad, es gratificante como lo es un abrazo cálido en un rencuentro familiar.

La capacidad de asombro, la flexibilidad y la posibilidad de alejarse de la primera persona para hacer una análisis valioso de nuestras actitudes hacía la vida misma se tornan cada vez más difíciles.

Quien no dejó lugar a dudas sobre su flexibilidad fue este año 2010 que hoy despedimos a manera de anciano con bebé dosmilonceado en las piernas. Como cajón de sastre nos dio alegrías, preocupaciones, evitó la influenza pero no el cansancio, permitió que lográramos o iniciáramos muchos de los proyectos que habrán de definir el principio del resto y nos acogió entre sus brazos con días hostiles y noches tiernas.

Este 2010 no será un año para la historia, no estará en los libros de historia –al menos no por las razones correctas, pero conforma parte de las nuestras, de los caminos que recorrimos de la mano y los que cada quien trazó para sí bajo una función de aleatoriedad con probabilidad constante. You hold, you let go. You fall, you stand. You read Coehlo, but you rather not.

Con las mejillas rebozantes por los festines propios de la época, y engalanadas por una sonrisa tímida e inexperta como la que me caracteriza, elevo la copa por ustedes y por nosotros, por el absurdo y las risas, que ante todo nos permitan sobrepasar cualquier adversidad como Sísifo ante los dioses, reir ante lo improbable y tener la certeza de que con este año que termina, nosotros podemos re-empezar a gozar el trayecto y la camaradería, estar cómodos con nosotros mismos y aligerar la carga de nuestros compañeros de viaje. For we all deserve it.

Adiós 2010. Te agradezco y te olvido, porque todavía hay mucho por delante.

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