¿Hace cuánto no te encuentras un billete tirado en la calle?


Escribo este texto desde algúna cafetería en algún lugar lejos de donde debería estar. Mi traslado programado era de 30 minutos y el apretado tráfico de la ciudad lo extendió a más de 3 horas. Es por ello que opté por detenerme y esperar lejos de la programación pop que caracteriza la radio de mi automovil.

Aprovecho esta parada obligatoria para compartirles la reflexión que hace un par de días asaltó mis tiempos libres.

¿Será posible que cuando niños tengamos una ventaja por nuestra -corta- estatura? ¿Será que la idea de que en la infancia era más probable, sino más frecuente, encontrar dinero en la calle producto de un punto de fuga distinto en nuestro rango de visión? O será que cuando infantes somos más propensos a destacar los detalles del tiempo presente y por ende prestamos más atención a la inminente riqueza que se encuentra frente a nosotros.

En algún momento exploré la idea de que tiramos el dinero menos que antes, pero me sonó poco poética y carente de sustento, por lo que la excluí con su permiso, lector, lectora queridos.

Ahora bien, si nos ceñimos a dos caminos; o estamos más chaparros y es más fácil que el destello del dinero llegue a nuestra visión periférica, o estamos más atentos al momento particular y por ello notamos el billete en el piso.

Optando por la primera mi consejo sería caminar en cuclillas, comenzando en las zonas de mayor tránsito y después en las de mayor ingreso, por un periodo determinado para así suplantar nuestras actividades diarias en la búsqueda de un emolumento digno.

Si por el contrario, decidimos que cuando infantes no tenemos mayores preocupaciones y eso nos permite enfilar nuestro pensamiento a cada paso que hemos de dar recorriendo la calle, mi consejo sería entender que la riqueza es la que tenemos día a día frente a nosotros. Dejar de pensar en infortunios que no están en nuestras manos o en buenaventuras que llegarán cuando el Quijote conquiste toda la comarca sobre el dorso de su fiel equino Rosinante.

La riqueza que deslumbra no está acuñada en oro ni en plata, el papel moneda es tan papel como una nota de agradecimiento, como aquellas cartas que guardamos en algún lugar para leerlas después, cuando la nostalgia nos invada y veamos que las frases de nuestros seres queridos perduran en grafito y celulosa.

Buenas noches. Ya llegó mi café y le voy a dar un par de buenos sorbos sin pensar en el tráfico, quién quita y en este lugar hay otros naufragos que se conviertan en amigos. Nos leemos pronto.

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